martes, 9 de septiembre de 2008

Cosas nuestras

"La hora se detuvo antes
del instante esperado.
Allí quedaremos
como una estrella
dentro del vacío".
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—Adriano González León, Cosas sueltas y secretas.
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Nunca llegaste a La Fallete. Te esperé allí hasta las 10:00 pm. Me quedé observando el cuadro que me recuerda a Rembrandt y ordené una copa de vino tinto. Siempre tinto. Me sentí como Julio Cortázar, cuando se quedó esperando a Franciso Massiani en algún café-bar de París hasta esa misma hora. Pancho me contó que aquella noche Julio se molestó muchísimo por la espera y que dijo algo así como “no quiero saber nada de Massiani más nunca”.
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Lo mismo digo yo. Salimos caminando de un cuento de Adriano González León una fría noche caraqueña y nos perdimos el uno del otro en plena avenida Bolívar. Somos una de esas cosas sueltas y secretas que relata Adriano. Una maldita estrella dentro del vacío. Un pisapapeles que deja escapar las hojas. La palabra que siempre se pierde en el párrafo. O que siempre regresa.
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No quiero saber nada más de ti.

O tal vez sí.

No, olvídalo. Mejor no.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Pobreza: la guerra no declarada

Foto: Kevin Carter
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"Nada te prepara para la guerra. Ni las películas, ni los libros. Uno no sabe cómo va a reaccionar, pero como en todo, uno se adapta y adquiere patologías. Uno va sintiendo miedo en diferentes índoles e intensidades. Te adaptas a la posibilidad de la guerra propia o próxima. Sin embargo, no hay que dejar que las cosas que uno ve se cicatricen. Yo creo en las llagas abiertas, en las heridas vivas. Las cicatrices son muy peligrosas. No quiero que la guerra sea una cosa abstracta, objetizable. Quiero que les duela".
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—Jon Lee Anderson, periodista norteamericano y reportero de guerra.

Cuando conocí a Jon Lee Anderson estaba comenzando a hacer mi trabajo de grado. Todavía no había caminado ningún barrio caraqueño, ni me había sentado largas horas a conversar con las protagonistas (mujeres venezolanas que viven en pobreza en la Gran Caracas) de mi trabajo.
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Anderson visitaba Caracas con motivo de la presentación de su obra Che Guevara: Una vida revolucionaria. Recuerdo que compré el libro ese mismo día y que antes de entrar a la conferencia me tomé un par de cervezas con mis compañeras de periodismo en el Ateneo.
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Entonces entramos a la sala. Me sentía emocionada. Tenía al frente a uno de los grandes del periodismo. Casi podía olerlo. Quería que hablara por horas. Que me hiciera llorar con sus anécdotas. Que me dijera que sí, que ésta es un profesión malpagada y poco valorada, pero que vale la pena. Y así fue.
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No me di cuenta ese día, pero uno no puede imaginarse la guerra, uno no puede pretender que los barrios son de tal o cual forma, o que las personas (no gente, PERSONAS) que viven en los barrios son de tal o cual forma. No. Uno tiene verlo, sentirlo, olerlo, escucharlo, tocarlo, vivirlo, llorarlo, sufrirlo. Sobre todo cuando la intención es contarlo. Sólo se puede escribir sobre la guerra estando en la guerra. No existe otra forma.
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Y cuando uno está en la guerra, cuando uno la vive, cambia para siempre. El mundo ya no es el mismo, tampoco las personas que habitan en él. Todo cobra un nuevo significado, una nueva apariencia. Es como cuando uno estudia cine o artes audiovisuales: el ojo cambia, se vuelve detallista, está atento a todo. La guerra tiene el mismo efecto, pero en todos los ámbitos de la vida. En todos los días, todas las horas, todos los minutos, todos los segundos.
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La pobreza es una guerra no declarada, una guerra ignorada. Siempre que haya personas muriendo de hambre, hay guerra. Cada vez que llueve y miles de venezolanos pierden sus casas, hay guerra. Cuando un niño no puede ir a la escuela porque no tiene dinero para comprar los útiles, hay guerra. Si hay desempleo, hay guerra.
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En Venezuela hay guerra.
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Lo digo porque tengo el cuerpo lleno de heridas.
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De heridas que me niego a cicatrizar.
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Hay cicatrices de sobra en este país.
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PD: Durante la conferencia Anderson nos contó que Kevin Carter, el fotógrafo que tomó la foto del niño con el buitre (foto que, por cierto, ganó el Premio Pulitzer en 1994) se suicidó después de tomar la foto porque no hizo nada al respecto. Es decir, tomó la fotografía y dejó al niño allí.
OJO, no estoy acusando a Carter de nada. Sólo estoy contando lo que, según Anderson, sucedió. Eso es todo.

sábado, 30 de agosto de 2008

A Aline, por alentarme cuando
la agonía parecía no cesar.
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“La vida es un asunto de pequeños y grandes abandonos. De pérdidas recuperables o no. En su brevedad fue calculada para que las personas se amaran y se abandonaran. Un ciclo perfecto de dolor: tal es la única y verdadera razón de la vida”.
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—Miyó Vestrini.

jueves, 21 de agosto de 2008

Cardiología

Me da taquicardia cuando termino de hacer ejercicio

cuando subo las escaleras a modo de persecución policial

cuando faltan pocos minutos para entregar un texto en la redacción

cuando me drogo

cuando tomo demasiado café

cuando agarro una curva demasiado rápido

cuando voy a hablar en público

miércoles, 20 de agosto de 2008

martes, 19 de agosto de 2008

Anecdotario inservible II

Tengo un admirador secreto en mi oficina. Él no sabe que es mi admirador secreto. Y yo, para seguirle el juego, nunca le he visto la cara, ni el cuerpo, ni la ropa, ni los zapatos.
Todas las mañanas, cuando prendo mi obsoleto computador, él pone a sonar Charles Aznavour o el soundtrack de Amelie.
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Entonces sonrío y camino hasta la esquina de la redacción —esa que da hacia la ventana que a su vez da a la calle— y me sirvo un guayoyo sin azúcar. Mientra le soplo el humito, me desplazo lentamente entre los cubículos como si fuera la periodista más linda del periódico. Porque a mí, sólo a mí, me dedican muchas de mis canciones favoritas todas las mañanas.
Me siento en mi puesto y empiezo a escribir.
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Demasiado contenta.

lunes, 18 de agosto de 2008

Emmenez moi



Quiero que las tres vayamos juntas a un concierto de Charles Aznavour...

domingo, 10 de agosto de 2008

Anecdotario inservible I

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Qué susto encontrarse con un gusano en una lechuga cuando no hay nadie en casa un sábado al mediodía. Produce pánico. El tiempo se detiene y todo se reduce a la presencia de ese cuerpo viscoso en tu futuro almuerzo. Da más miedo que una cucaracha voladora en la habitación. Lo juro. Creo saber por qué: porque estoy sola. Si grito algo así como "¡Asco!" nadie va a escucharme. Tampoco tiene sentido llamar a alguna de mis amigas, sería bien ridículo. Entonces, ¿qué hago con este maldito gusano baboso? Sólo tengo que agarrar una servilleta, envolver con ella su asqueroso cuerpo, separarlo de mi hoja de lechuga y botarlo a la basura. Lo sé. Pero me da miedo. Coño, quisiera que estuvieras aquí.

sábado, 2 de agosto de 2008

¿Cuál es el precio de un diamante?

Buscando fotos de Djimon Hounsou me encontré con esta imagen de Amnistía Internacional. Considero que es una pregunta que nos deberíamos hacer todos: ¿cuál es el precio de un diamante?
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Y, sobre todo, creo que ese argumento es suficiente para que la película Blood diamond sea una excelente película. En mi caso, se ha convertido en una de mis favoritias. Gracias a ella he aprendido mucho sobre Sierra Leona y he visto fotografías de cosas que no debieron haber pasado nunca y que no podemos permitir que sigan pasando.
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A la mayoría de las personas les sabe a mierda si en algún lugar remoto de África hay una guerra cruenta por controlar el mercado de los diamantes, o si el anillo que luce orgullosamente en su dedo costó el brazo-las manos-los dedos-la vida de miles de personas que viven en extrema pobreza en Sierra Leona.
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Pero bueno, hay que hacer el intento. No sé de qué año es esta imagen, pero creo que tampoco importa. La guerra civil en Sierra Leona comenzó en 1990 y, según lo que leí en la página web de Amnistía Internacional, finalizó en 2002.
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Sin embargo, yo no sería capaz de comprar un diamante. Bueno, tampoco tengo el dinero, pero si lo tuviera, no lo haría. Creo que nadie que lea un poco sobre lo que sucedió en Sierra Leona es capaz de comprar un diamante. Yo los invito a eso: a que lean y decidan.
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La guerra se acabo, sí. Supuestamente. Creo que deben pasar muchos años antes de que pueda decirse eso con propiedad. Y aunque haya terminado: ¿dónde quedan los muertos?, ¿las peronas y niños sin brazos, sin manos y sin pies?
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Les dejo este link a un reportaje y unas fotos maravillosas de la revista ZRepotage. Vale la pena que lo revisen.

Me encanta: Djimon Hounsou


Tiene el cuerpo más perfecto y hermoso del mundo. Y un color de piel que hipnotiza. Me encanta.