
Noventa-y-ocho-punto-uno-efe-eme es la emisora de la zona desconocida. En ella sólo se escucha música: nadie habla y, cosas curiosa, a las seis en punto de la mañana no pone a sonar el Himno Nacional. A ella lo que le importa es poner música, nada más. Y, por supuesto, en horario en el que la gente escucha música: mañana, tarde-noche, noche y madrugada. Cuando el sol quema, desaparace.
Sólo le he hecho seguimiento por dos días, pero estoy más que encantada. De todo su repertorio sólo he podido reconocer dos canciones, el resto son cosas que jamás antes he oído pero que me hacen sentir muy bien, me ponen a bailar. De hecho, estoy segura que la hermosa tarde de ayer fue producto de la 98.1 FM. Antes de una entrevista que tenía en Chacaíto a las 5:00pm el día y la ciudad estaban insoportables: calor, cornetas, humo, lluvia que no termina de caer. Cuando me monté en el carro a las 6:30pm y sintonicé su dial, la gente comenzó a caminar más lento. De pronto casi no había traseúntes y la principal de Las Mercedes estaba vacía. No hacía sol ni frío: sólo una brisita tenue. La pollina me bailaba en los ojos y, en vez de molestarme, me acariciaba. Olía a grama, a mar, a tierra mojada, a árbol recién plantado. En la autopista no había rastro de motores, no había ruido. Lo único que sonaba era la música desconocida de 98.1 FM.
Maravilloso, ¿verdad? Llevan siglos tratando de encontrar el puente a la zona desconocida y resulta que está allí en tu radio, lista para transportarte a nuevas sensaciones. ¿ Y saben qué? De seguro hay muchos más puentes. Si hay una emisora puente debe haber, al menos, un libro-puente, una comida-puente, un vino-puente, una ropa-puente, unos zapatos-puente, una película-puente, una foto-puente y, sobre todo, una persona-puente...
¡Buen viaje!





