Los nervios terminaron en un trozo de tela sin desfilar, en una de esas cosas nimias que uno planea a escondidas, entre la culpa y la sinrazón, como esa foto perdida entre bauches y saldos bancarios en el fondo del monedero.
Me digo en silencio que nunca podrá vencerme la fulana pulsera del deseo, que entre tantas coincidencias destaca reiteradamente la coincidencia de tu ausencia, que no estás aquí porque no quieres estarlo: el alpiste es sólo una excusa cobarde.
Y que lo quiera o no, llegará el día en que no te quiera nada. No por olvido o paro forzoso, sino simplemente por falta de empleo.
Me digo en silencio que nunca podrá vencerme la fulana pulsera del deseo, que entre tantas coincidencias destaca reiteradamente la coincidencia de tu ausencia, que no estás aquí porque no quieres estarlo: el alpiste es sólo una excusa cobarde.
Y que lo quiera o no, llegará el día en que no te quiera nada. No por olvido o paro forzoso, sino simplemente por falta de empleo.





